Columna de Opinión: ¿Nos transformamos al volante?

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30/03/2026


Algunas veces uno se sube al auto, y en ese instante, el habitáculo deja de ser un simple medio de transporte para volverse una suerte de armadura. Nos sentimos blindados, poderosos, y de pronto alguien que no puso el intermitente en la rotonda o el que se demoró un segundo más en avanzar tras la luz verde, se transforma en un enemigo personal. Nuestro criterio queda sujeto a la  impulsividad, que en frío nos parecería sencillamente ridícula.

La intolerancia al volante, no es algo puntual, hemos visto en las noticias, cómo un simple topón termina en una tragedia irreparable. ¿En qué momento decidimos que nuestra "honra" o nuestra posición de dominancia en la pista vale más que la vida propia o la ajena? Esto ya no es un tema de "hombres rudos", porque hoy vemos a personas de todas las edades y géneros enfrascadas en discusiones violentas por puras tonteras que no tienen vuelta atrás.

El ego nos susurra que debemos defender nuestro territorio, como si la Avenida fuera una parcela de nuestra propiedad. Pero la realidad, no dejar pasar a alguien o responder a un bocinazo con un insulto, no es una victoria, al contrario, nos exponemos a que el otro ande más "chiflado" que uno y la cosa escale a un punto sin retorno.

Como sociedad, parece que estamos andando con la mecha muy corta. Por lo mismo, cada uno debe ser más consciente al volante. No podemos controlar el genio de los demás, ni las trancas que el de al lado traiga desde su casa, pero sí podemos elegir no meternos en un pleito. Al final del día, ese problema se inventó en dos segundos y no tiene sentido que nos arruine el día, o peor aún, la vida entera.

Mañana, antes de manejar, quizás sirva respirar un poquito más profundo. Entender que el auto es para movernos, no para pasar por encima de nadie. Hacerle el quite a la pelea es, a fin de cuentas, la decisión más cuerda que podemos tomar en medio de este caos urbano. Porque, ninguna discusión de tráfico vale el peso de un remordimiento eterno.

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Autor: Máximo Martínez Campos



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