La ciencia confirma lo que muchos sospechaban: los padres sí tienen hijos favoritos

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28/12/2025


La creencia de que “todos los hijos son tratados por igual” está siendo puesta a prueba por la ciencia. Según investigaciones acumuladas en Estados Unidos y Europa, casi dos tercios de los padres reconocen, directa o indirectamente, tener un hijo predilecto dentro del núcleo familiar

 

 

 

 

 

¿Qué dice la evidencia científica?

Un estudio clásico liderado por la socióloga J. Jill Suitor de la Universidad de Purdue encuestó a más de 500 madres con dos o más hijos adultos y encontró que una gran mayoría manifestó algún grado de favoritismo hacia uno de sus hijos. Estas preferencias se detectaron a través de preguntas indirectas sobre cercanía emocional o inversión de recursos. 

Además, investigaciones recientes señalan que factores como la personalidad, el género y la afinidad de valores pueden influir en esa predilección. Los hijos percibidos como más “afables”, responsables o que comparten creencias culturales o religiosas con sus padres tienden a recibir un trato más favorable, aunque muchas veces de forma inconsciente. 

¿Quiénes suelen ser los preferidos?

Aunque no existe una regla universal, diversos análisis científicos han observado patrones frecuentes:

  • Las hijas tienden a ser favorecidas con más frecuencia que los hijos varones. 

  • La personalidad influye: niños con características como responsabilidad y cordialidad suelen recibir más atención positiva. 

  • En la adultez, la afinidad de valores familiares (por ejemplo, creencias religiosas o políticas compartidas) se convierte en un factor decisivo para muchos padres. 

¿Qué efectos tiene el favoritismo?

La ciencia subraya que no siempre se trata de amor desigual, sino de trato diferencial percibido por los hijos, y esa percepción puede tener consecuencias duraderas. Estudios en psicología señalan que sentirse menos favorecido en la infancia se asocia con mayores niveles de ansiedad, depresión y relaciones familiares tensas más adelante en la vida. 

Expertos coinciden en que hablar abiertamente sobre estas diferencias de trato —por ejemplo, cuando un hijo necesita más apoyo— puede ayudar a mitigar parte del impacto emocional negativo y fomentar una relación familiar más equilibrada. 



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